Tuesday, July 12, 2016

De Löningen a los picantes cochabambinos



De “Loningen”, tuve que tomar pronto viaje a Santa Cruz de la Sierra, porque una de mis agentes latinoamericanas, Monique Oliveira, desde Brasil, me dijo que había una posibilidad de hacer el scouting allí, y también de sentarme a escribir sobre bolivianos y bolivianas.
Yo no estaba tan seguro de ello, ya que escribir sobre ellos sería volver a escribir sobre Tinogasta, Catamarca, Caleta Olivia. Una vez escribí un artículo en el que comparaba a Cochabamba con Catamarca y a Punata con Tinogasta, puesto que los punateños fueron a Caleta a buscar trabajo de la misma manera que los tinogasteños, un éxodo calcado, sólo que los bolivianos lo hicieron después de varias décadas.
De todas formas, quería cambiar de aire. En la República Checa estaban todos demasiado tranquilos con sus cositas, por más neuróticos que sean algunos.
Prometí a Monique que cuando terminase mi tarea en Bolivia, pasaría por su ciudad, Osasco (a 16 kilómetros de Sao Paulo). Todo ello pensando en pasar al menos una semana en Brasil, antes de terminar este trimestre de viajes.
Una estudiante de letras cochabambina, Yadira Rocha, me iba a esperar en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra. Y de allí, partiríamos hacia Cochabamba. Pues bien, cuando llegué, efectivamente ella me estaba esperando, con su mechón naranja al viento, delgada y con la nariz achatada sobre un rostro afilado.
Llegar a Cochabamba tardó casi un día, en avión y bus. Allí nos esperaba Emilia Nuñez Cardozo, con su novio Diego, tomando cervezas. Estaban muy atentos a mis movimientos, luego de comer un sinpancho me llevaron a un hotel. Aquí, entre esta nueva gente, había menos autosuficiencia que en Checa.
La amabilidad boliviana es muy estricta, tanto como la chilena, pero más “oriental”, más pausada que la de los trasandinos. Tanto que, un poco más de pausa y se podría llegar a la indiferencia. Pero no, los bolivianos no son orientales, son latinos, así que uno imagina que en los silencios, debajo de ese mirar por dentro: hay todo un volcán de sentimientos, al menos entre los que viven en Cochabamba, ya que en Santa Cruz de la Sierra suelen ser un poco más extrovertidos.
Yadira –de veintitantos años- me dijo que vivía sola, ya que su madre, Gilda, había ido a Córdoba (Argentina) a visitar a sus hermanos, que son exitosos albañiles allá. Uno de sus primos, Enrique, estaba en Caleta Olivia. Pero sólo me dio ese dato, ni siquiera me invitó a pernoctar en su casa. Agradecí ello para mis adentros, ya que quería pasar aunque sea un día en soledad y recorrer Cochabamba sin guía.
Por mis problemas hepáticos no podía comer mucho picante, pero pequé con eso. Adoro la comida boliviana con esos picantes que suenan como golpes a los intestinos (¡locoto!). Amo los picantes de pollo, los cerdos picantes, la llajwa molida por alguna matrona experta.
Yo devoraba mi silpancho, mientras los demás comían trancapecho en un restaurante con estridente pintura sintética en sus paredes.
Bebimos más cervezas porque se engancharon con lo que les contaba.
Estaban maravillados de que les hable de la República Checa, y Yadira me hizo varias preguntas acerca de Kafka, de que si visité la tumba de Kafka, de los castillos. Y le contesté lo que pude.
-No fui a Praga, prefiero ir por los lugares menos visitados, menos mainstream. Estuve en Brno y otras pequeñas ciudades.
Enrique me preguntó sobre las checas, cómo no. Y le dije la verdad: “Son extraterrestres para nosotros, habla un idioma extrañísimo, no las puedes comparar con nadie, están en una cruza rara con alemanas y las eslavas más eslavas. No sé cómo decirte”.
-Pero… ¿son amables?
- Mirá. Si algo he descubierto en todo este viaje es que la mitad del mundo es amable. En todos lados. No quiero decir que la mitad del mundo sea buena. Hay un cuarto de personas que están metidas en su mundo, y que sólo le importa su mundo. Yo viajo porque enaltezco la variedad, el conocimiento. Hablamos de personas. No te conté de paisajes porque me los reservo para fotografiarlos, para filmarlos, para hacer scouting para futuras películas, guiones, crónicas, lo que fuera.

-¿Cómo conoces tanto de comida boliviana? –me preguntó Yadira, camino al hotel. Y le expliqué que en Caleta, durante la inauguración de la Iglesia de Nuestra Señora de Copacabana y Urkupiña, probé muchas de estas comidas. Y le di mi historial de amistades con bolivianos que tengo en Caleta. 

Sunday, July 10, 2016

Bohemio sudamericano en Bohemia Central

A través de una red humana anterior, puramente latinoamericana, di con Veronika Korsalová, quien vive en Kraluv Dvur, una ciudad de la región de Bohemia Central, en la República Checa. 

Verónika terminó siendo una mujer regordeta, de amplios pechos, con esa mirada que tiende a elevarse oblicuamente hacia arriba por los costados más lejanos a la nariz, de ojos claros, y una amplia frente, mejillas hinchadas, y una nariz de armenia de campo; con unos movimientos de picarona que bien podéis encontrar entre algunas empleadas públicas regordetas de Caleta Olivia.

Veronika me invitó a tomar té con su amiga Helga Veseká, quien ahora vive en Praga, casada con Andres Wegle, un pelado de treinta años, dueño de una sonrisa simpática, al parecer feliz por la procreación reciente: la de dos simpáticos peladitos. Con todos ellos tomé un té en un lugar de Kraluv Dur.

Helga habló de su amigo Thomas Ková, quien vive en Uhonice, y que ha viajado a divertirse con su pareja a U Sama. La pareja de Thomas, según las fotos que mostró Helga desde su celular, es una mujer de cabellos negros, aproximadamente 38 años de edad. Thomas publica en su Facebook fiestas de cerveza, y memes con bromas sexuales. Pero también fotos de su bienamada. Ella, de redondos y brillantes hombros, sentada en un muro de piedra, en la playa de Djerba, nada más y nada menos que en Túnez.


Y Helga es amiga de Klara Tichá, alegre mujer que empezó a trabajar en Five Guys, en Londres. Y esa tarde, Helga se comunicó por el celular con Klara, y ambas hablaron de la situación que padece Karolina Lemur, quien vive en Escocia, pero es de Praga, y trabaja en un hotel Fresar Place. 

Una lucecita al amanecer.

Día 2 Abro este archivo que dice “diario de la luz”, e inmediatamente apago el cigarrillo. Limpio la habitación, dentro de las fuerzas q...