Tuesday, June 28, 2016

En “Löningen”, con una pareja profesora de equitación



“Slusi, slusi”; me voy diciendo desde la República Checa, hasta Alemania. He llegado a Löningen porque había que llegar ahí, en tren tras tren y bus. Crucé toda Alemania, por un capricho de ella, ya que él quería llegar cuanto antes para ver cómo estaba la cuadra de caballos.
Y ya estaba en Löningen. El matrimonio equinófilo me dejó en una de sus habitaciones de su casa estrecha, y se fueron a hacer sus tareas en la cuadra, fanáticos del olor a boñiga.
Estaba lloviendo y me fui a una avenida ancha, asfaltada, y aún con lluvia una banda pasaba tocando una marcha conocida, parecía una marcha de los desfiles yanquis.
Y a los costados había familias y más familias típicas, como las que hay en en la Argentina porteña, clase media y blanca.
A diferencia de Brno, nadie me miró raro allí. Se ve que los morochos latinos somos menos raros en Alemania, o es que los alemanes de este pueblo son así.
Volví a la casa del matrimonio y me esperaban con una comida con carne de cerdo. Poca, pero buena.
Al otro día, me llevaron a una exposición o carrera de equinos, y el circuito no era prolijo, más bien parecía un conjunto de barranquitas y parecía armado caprichosamente. Aunque los caballos y competidores respetaban un “guión de hierro” y no se salían de las huellas marcadas por sus predecesores. Cada tanto, las familias aplaudían y reían.
Lenka, mi anfitriona, se encontró con una alemana de ojos verdiazules, y de sienes anchas, redondeadas, pulidas y blancas como los pétalos de las margaritas: Sandra Kron. Ella saludó y luego se sentó en el suelo como nosotros y permaneció callada. Parecía tímida. Tenía un piercing en el labio inferior.
Was sind Sie von Beruf?, le pregunté, un poco bromeando. Me miró sorprendida, y me dijo que trabajaba como química en alguna empresa.
Al lado, estaba Christine Von Ustup, hablando de un reciente viaje a París, con su novio. Quedaron ambas hablando, mientras pasaban los caballos de merde, de los que ya me estaba hartando.
Sandra es amiga de María Okhamp, también tristona como ella, y que llegó después con unos refrescos a sumarse al grupo.
Le dije a mi anfitrión Philippe, el novio de Lenka: “No quiero morirme conociendo solo Löningen de Alemania”.
A esa altura me estaba cansado del bienestar europeo. Hace un año yo estaba en Managua viviendo situaciones terribles, y ahora, heme aquí, en la paz celestial de Brno o de Löningen, lugares en los que parece que no pasara nada, salvo algún accidente de tránsito, salvo algún borracho, salvo las taras de blancos enormes.
“Ich Wunsch euch eine erfolgreiche Tag”; dijo sonriendo con anchísima boca de dientes teutones, un tal Ellis, creo que germano-estadounidense. Así saludaba siempre: ‘Les deseo un día exitoso”, o como se traduzca.
Tenía una chaqueta amarrilla hipnótica. No podía despegar mis ojos esa chaqueta.
Esta vez sí sentí y me dio un repeluzno el sentimiento de superioridad que tienen los alemanes grandotes, de mandíbulas de caballo, y dientes de cavernícola. Me daba fuerzas a mí mismo, pero no podía, me sentía vulnerado en ese momento por el empaque compacto del germano-estadounidense.
A la hora, todos nos despedimos. Con Philippe y Lenka caminamos unas cuadras de esa ciudad pequeña, y a la noche, cansado de caminar, regresamos a su departamento, en donde tomé un vino espeso, comí una sopa, y me fui a dormir después de ver la mitad de una vieja película.


Thursday, June 09, 2016

Rashomon, un fogón a pesar del aguacero



He visto “Rashomon” de Akira Kurosawa, he visto su lluvia, he sentido lo mojado, lo excesivamente húmedo, las verdaderas caras de lluvia de los tres relatores en esa puerta a Kyoto; he visto a la mujer histérica casi cómica, (actuada por Machiko Kyo) histérica en sus miedos, y en esa risa burlona ante los hombres en la cuarta versión de la escena, la que contó el leñador.
He visto a hombres heroicos convertidos a una pelea real, risible, patética, pero verdadera, en la que los duelistas tropiezan, pierden sus sables, o se quedan clavados en troncos, no son perfectos, no son gimnastas, son torpes, y la muerte esa, la verdadera, no es para nada heroica, sino horriblemente real, con lo peor del ser humano que se retuerce, que cae, con toda su fealdad, sin nada artístico en esa muerte.
La “cuarta muerte” fue, entonces, lo que más me sorprendió, esa lucha de torpes hombres reales, que apenas podían empuñar la espada, temblequeando pelearon, y así uno de ellos fue asesinado.
Un clásico nunca te deja a pie, siempre es atractivo. No es una película lenta, es una película atractiva. El leñador encuentra al hombre muerto, es el detonante. Y después hay otros elementos, pero son tres escenarios principales: la puerta llovida de Kyoto (en el templo destruido denominado “Rashomon”), el bosque de árboles y matas altas, enredadas; y el juzgado, casi pálido, donde no se ve al juez, sino que cada relator-testigo cuenta su versión ante cámara. En ese mismo juzgado medieval, detrás, dos “hombres de ley” y un muro blanco.
A muchos no les gustó el epílogo, cuando el leñador ofrece su ayuda para salvar a un humano bebé, pero a mí me pareció natural que vaya por ese camino, el de la moraleja en un fogón; porque eso es, un cuento conjunto en un fogón, sólo que el fogón se hace contra todo, contra la lluvia incluso. Si no, mirad cómo se esfuerzan para hacer un “fueguito” con maderas del templo en el prólogo. 

Wednesday, June 08, 2016

Curiosidad sobre aonikenk

 Lo que más me atrae del sentir tehuelche es eso, no hay más que pensar. Es una curiosidad por la que me siento orgulloso, que me hace bien, que me provoca sonrisas, me regodeo, y hasta podría pedir una vida más para saborear esa curiosidad.
Pero no es que me interese sólo lo tehuelche, me interesa saber exactamente cómo fue la vida de esas personas que vivieron antes aquí, en este planeta, cómo eran sus costumbres, sus idiomas, sus guerras personales, su arrastrar en la tierra, su vida en las cuevas (como las de los pre-tehuelches en Cueva de Las Manos).
Es por eso que me gusta ver “Vikings”, o historias que hablen del pasado desconocido, el de la época del medioevo, el de la época anterior al siglo XIX, cómo vivían los que hablaban kakán (allá por Watungasta y FIambalá), antes de la llegada de los incas.
Pero la real real vida quiero saber, y eso, sé que es una búsqueda infinita. Como cuando estaba mirando la cueva de los tehuelches.

Tengo algunos amigos mapuches, pero ellos prefieren hablar del presente. Y creo que con justa razón, ellos quieren decir que están presentes, que no son una cultura desaparecida como podrían ser, justamente, las de los vikingos. Mis amigos mapuches quieren decir que están presentes, con su mapuzungun  que, por suerte, aún varios lo hablan. Pero lamentablemente queda muy poco de la cultura de los aonikenk. Dicen que hay una mujer que hablar ese idioma, en algún lugar recóndito de Santa Cruz. 

Tuesday, June 07, 2016

"8 y Medio" contrarresta la melancolía por el ayer


Ver “8 y Medio” es un lujo que podemos permitirnos un domingo a la noche, porque sigue el camino melancólico del domingo, pero contrarresta lo grisáceo de esa melancolía.
Es un film autobiográfico.
Fellini en su esplendor, Marcello Mastroianni, la Cardinale, Anouk Aimée haciendo de una sólida mujer, y otros.
Fellini intenta mostrar los sueños casi como son, con el beso a la madre que termina transformándose en el beso a la mujer, con personajes del pasado con personajes vivos, en el comienzo del film atrapado en el auto. Los míticos planos secuencias de Fellini donde aparecen varios personajes al mismo tiempo, importunando uno, u otros dialogando con al mismo tiempo, cada uno en su cosa, y cada uno queriendo algo del protagonista. Esos planos donde la cámara recorre un plató donde están todos: el director de arte, el guionista, el camarógrafo, el actor, todos de una vez, mostrados.


Una lucecita al amanecer.

Día 2 Abro este archivo que dice “diario de la luz”, e inmediatamente apago el cigarrillo. Limpio la habitación, dentro de las fuerzas q...