Wednesday, May 11, 2016

Un gerente bancario enseñando PNL



Recuerdo cuando concurrí a una pequeña sala, casi menos que el tamaño de un aula, en "cinerama", una galería céntrica de Córdoba, donde un gerente de una sucursal bancaria daba clases de PNL. ¡Carísimas! No sólo para un petimetre de Villa Siburu como era yo, en ese entonces, sino para cualquiera, porque no fui el único que se quejó de ello.  
Recuerdo que había personas que se ponían nombres como “Luz”, “Energía”, etcétera. Y en ese momento, era un adolescente tan oscurito que no se me ocurría ningún nombre (pues sí, en todos mis textos veréis conmiseraciones). Mirándome al espejo, me digo: “Hoy, a 30 años de aquello, qué nombre te pondrías. ¿Rayo? No, suena a superhéroe poco original. ¿Agua? Tiene demasiado de femenino, demasiado dije, no es que niegue lo femenino. Viento, palabra que me gusta más, pero que tiene poco que ver con mi extremo sedentarismo actual”.
No sé qué tenía que ver eso de ponerse nombres tan new wave con la PNL, pero tampoco era malo, que hay cosas peores que hace la gente, como la hipocresía.
Entonces, claro, fui. Pagué lo que tenía que pagar. Y accedí a la clase.
No dijo nada diferente, el hombre-gerente hablaba con palabras muy sencillas, y disertaba sobre el tono de la voz, los gestos, cosas que hoy puedes ver en la serie “Lies to me”; y luego un ejercicio, que consistía en “anclar” cierto sentimiento, de acuerdo a la presión en un brazo, y esa presión la debía ejercer otro.
Recuerdo que un “ayudante” de cátedra del gerente bancario eligió a una alumna para “presionarle” el brazo.
Luego, todos nos fuimos, y nos prometieron que en la segunda clase avanzaríamos. Nunca volví. Y esa fue toda mi experiencia con la PNL en Córdoba.

Una lucecita al amanecer.

Día 2 Abro este archivo que dice “diario de la luz”, e inmediatamente apago el cigarrillo. Limpio la habitación, dentro de las fuerzas q...