Wednesday, April 20, 2016

Cómo he llegado aquí con tantos vasos sucios



Cómo he llegado aquí. Quizás mi lástima por los adolescentes alcoholizados es por mí mismo. Cómo he llegado aquí. Estoy siendo el Ramiro adolescente. Estoy en un lugar donde venden vino barato, donde hay hombres mayores tomando alcohol, gente esmirriada, que no tiene nada que perder o que ha perdido todo. Ellos me miran.
Esperad, quisiera contaros esto con detalles. Es que me ha pasado de verdad. Quisiera saber dónde fue. Con quiénes y cómo llegué allí. Seguro que llegué porque estuve tomando antes y que alguien me dijo que allí se podía seguir bebiendo y que podían pasarse las horas. Hasta había mujeres mayores, y una de ellas escanciaba el vino malo en vasos sucios.
Sé que había paredes de adobe, descascaradas.
Sé que era un otoño, hasta parecía una noche de zonda más ciclotímico que nunca.
De lo que estoy seguro es que yo dedico rimas a todos los que están acá. Los escribo en un papel y luego los digo en voz alta y muchos aplauden.
No entiendo cómo pueden aplaudir esto, pero siento que logro un éxito, un pequeño éxito. Pienso que hago el bien. Estoy borracho, pero alegre. Siento que estoy ofreciendo una pequeña obra de arte.
Si me dais los temas puedo hacer rimas cualesquiera, y ser más o menos plausible para un grupo de bebedores.
Lo cierto es que yo, tan joven, aquí, tomo vino. Es que podría ser una excelente anécdota para Rimbaud, pero yo no soy eso, yo tengo expectativa, y además no estoy ni en París, ni en Atenas, ni en el desierto africano, estoy en la Tinogasta pobre de fines del siglo XX, cerca de Aisunasta.

Estoy en el recuerdo, Dejadme estar un poco más. Quisiera recuperar algo de ello, quiénes estuvieron. Sólo recuerdo a un hombre flaco, de cabello largo y mal recortado, con algo de bigote y barba, con los ojos aindiados, bebedor conocido.
Hoy sucede que, en cambio, en las calles de esta ciudad patagónica me saludan conocidos de aquellas juergas perdidas en mi memoria. Y no los termino de recordar. Sé que dicen por allí: “Ahí va Ramiro, borracho como pocos”. Es cierto. Lo fui. Borracho como muchos.
Una mujer mayor me había recordado que me veía desde la ventana de su casa, me veía a mí regresando de una libación de alcohol, por calle 25 de Mayo de Tinogasta. Decía que yo, el Ramiro adolescente, iba lentamente en la bicicleta, que apenas podía seguir derecho, que ella temía que me iba a caer. Qué voy a recordar eso.

Más allá de todo esto, me pregunto: “De qué manera puede enriquecerme hoy ese pasado pobre”. No me resigno a que haya sido “temps perdu”. No me resigno.

Tuesday, April 19, 2016

Sobre la primera parte de "Los 8 más odiados"

Película extensa, difícil de ver en ese largo principio de casi una hora. Escuchamos una serie de relatos, de historias contadas como en fogones sucesivos en la diligencia, personajes continuamente al acecho y la desconfianza, que traban las conversaciones.
La mayoría de los personajes son mentirosos, y cada uno de ellos ha creado su propio mito, cada personaje aparece como un mito de otro, como Ruth que termina siendo un famoso cazarrecompensas, el mayor Warren un conocido renegado negro en el ejército del norte, famoso por haber matado a muchos blancos del sur y con ese error de matar a blancos del norte, cuando quemó una barraca de madera.
La ambientación Wyoming, un estado del centro-oeste, con una ventisca feroz, y los dos escenarios: la diligencia y el refugio de Minnie (una mujer negra muy amable, rodeada de los únicos seres buenos que hay en la película).
Convincente Demián Bichir como el mexicano, (ya había hecho de Fidel Castro en la película del “Che” de Soderbergh, y también trabajó en una película argentina); siempre notable Tim Roth, con su sarcasmo inglés.
Los diálogos tienen mucho de comedia negra porque como suele hacer Tarantino, en medio de la violencia aparecen las ironías, el humor gore e inocente, con esas desconcertantes inocencias de los partícipes en el humor (como el caso del disparo que se escapa dentro del auto en Pulp Fiction).
En esta película, el humor negro está en la puerta rota, para entrar hay que romperla y luego clavarla para que no se vuelva a abrir, y los que están adentro dan órdenes gritando “cerrá la puerta”. Funciona como el contraste de la preocupación cotidiana de los que están en medio de la vida y la muerte.

Los diálogos son ingeniosos. 

Saturday, April 16, 2016

Cuando regresaba en el avión de Air Moldova hacia Barcelona escribió esto


Cómo es la relación con uno mismo

“Cómo es la relación de mí hacia mí.
Cómo es la relación con los demás.
Cuáles son las creencias que me limitan y que las sigo teniendo a pesar de ser conscientes de ellas.
Y por qué aún no logro conectarme con mis emociones y con mi energía. ¿Creo en mi energía? No hablo del alma, no hablo de esoterismo, hablo, más bien, del espíritu, el que insufla voluntad, con el que no he tenido la suerte aún de conectarme. Es que uno quizás espera que venga un espíritu-musa, una “mama-Voluntad”, como creía cuando era un adolescente. Y no, las cosas son mucho más simples de lo que uno piensa: se trata de lograr los motivadores que tengan diez puntos, por sobre los miedos que suelen tener 8 o 9 puntos (pero a un motivo de diez no le pueden ganar).
Las cosas externas van por su carril, y vendrán y atacarán o acariciarán, pero uno debe estar plantado sobre sus bases como un tronco con sus raíces”.

Tuesday, April 12, 2016

Un barbirralo y los exadmirados de la prensa


En la década del 90 había una suerte de romance entre la sociedad argentina y el periodismo, puesto que éste mostraba en aquella época, que surgían de diversas experiencias, sobre todo de la gráfica, de revistas como “El Porteño” o “Crisis”, la situación de las clases dominantes, la corrupción. No era el romanticismo del periodismo de máquina de escribir, como el de la “Generación Perdida” en París; pero había algo de eso sobre todo en el diario Página/12 y en la revista Página/30. Los héroes de esa época eran Jorge Lanata, un joven director de prosa diáfana e imbatible, jefe de tipos admirables para todo joven barbirralo, como Osvaldo Soriano, Verbitski, Mario Wainfeld, entre otros, y la juventud olímpica que surgía integrada por Marcelo Zlotogwiazda, Gabriela Cerruti, Sandra Russo, Nora Veiras, entre otros.
Las tapas, las crónicas, los títulos, los temas, el estilo, hasta la tipografía era leída con fruición.
Esa constelación de la gráfica era acompañada o complementada por los héroes de ese entonces, en donde aparecía Eduardo Aliverti, Nelson Castro, Magdalena Ruiz Guiñazú, Alfredo Leuco, entre otros. 
El racconto puede tener algún dato no del todo exacto, pero no quise ir a Google, quise sacar de mi memoria lo que viví y leí.
Luego, sobrevino -entre los últimos años del menemismo y la época de De La Rúa- una corriente de periodismo de derecha aliado al poder económico, que tuvo su éxito. Una corriente que venía con Daniel Haddad, dueño de Radio 10 (ex alumno de Neustadt y Grondona, igual que Marcelo Longobardi), y se generó Infobae. Allí ganaba Radio 10 con su estilo de comentarios de taxistas: rápido, de soluciones discriminatorias.
Pero Página 12 seguía estando en el estrellato de los jóvenes barbirralos aspirantes a periodistas.
Todo empezó a cambiar con el 2001-2002, en esos infames tres o cuatro años, con situaciones sociales tremendas. Y el diario Página 12 empezó a decaer, Lanata se fue, Clarín se estaba inclinando para una clase más alta que la de siempre, y salvo algún que otro programa de televisión, se empezó a notar un alejamiento del periodismo ante el sufrimiento de los más pobres.
Yo, agazapado por mis problemas, veía con horror, lástima, bronca y resentimiento que la clase dirigente y el periodismo “nacional” hayan abandonado a los que nos íbamos cayendo hasta el abismo, con varios hijos en los comedores, con mujeres peleándose por un plato de polenta. En medio de todo eso, la televisión atinaba a bajar sus costos, a poner larguísimos y horribles programas que buscaban el escándalo como uno que conducía Marcelo Polino.
¿Por qué no mostrar lo que sucedía? ¿A qué audiencia se dirigían o se dirigen los canales?
Después, llegó Néstor Kirchner a la Presidencia,  y hubo una suerte de “primavera” en la relación con los medios, hasta que K pegó el volantazo y se enfrentó con Clarín, y lo mejor que pudo pasar es que Clarín mostró su verdadero rostro malévolo e hipócrita.
Clarín primero había sido beneficiado por Kirchner, pero después la relación se fue distanciando. Clarín empezó a publicar columnistas derechosos y pulcros desde sus departamentos de Recoleta que pedían “republicanismo”.
Kirchner y Cristina entendieron que había que pegar volantazos de vez en cuando. No sabemos si lo hicieron bien, si no fue desmedido. Con falta de tacto y todo, allí se vio, después de 40 o 50 años, quién era quién, quién buscaba un país para pocos y quién hablaba (al menos hablaba) de igualitarismo. El populismo era necesario para esos volantazos, sabiendo que si no se actuaba de manera “brusca” la derecha tenía muchos recursos con qué desquitarse si le daban tiempo, recursos económicos, contactos, argucias legalistas. Pero el kirchnerismo no pegó más volantazos en su último gobierno, por eso se dejó ganar, por eso ese silencio que hay con la derecha electa actual.
Pero no hablamos de las sobreactuaciones de Hugo Chávez, de Evo, de Correa en Ecuador; pero sí de alguna acción con estilo argentino.
El tema es que el kirchnerismo se plagó de oportunistas, de peronistas que no les importa dónde están, si a la derecha o la izquierda, de repetidores de discursos jauretchianos pero si les ponen millonadas en sus manos.

Bueno… Pero a qué iba todo esto. Ya me he quedado sin aliento en este comentario, y yo sólo quería hacer una larga pregunta sobre la conversión a lo peor del “periodismo intencional”, a ser contadores de historias casi ficcionales (Lanata mostrando por TV bóvedas y diciendo que podrían entrar ciertos millones de pesos en ella. Lázaro Báez, un indefendible, pero no bastardeemos el periodismo tanto; Leuco editorializando en contra de los organismos de derechos humanos; y así varios héroes del 90 que hoy son los más patéticos villanos de la prensa). Como muchachito barbirralo que todavía me siento muchas veces, siento algo de tristeza por esos cambios de los exadmirados hombres de prensa. 

Sunday, April 10, 2016

Briante se indignaba por la memoria perdida de matacos y tobas




Un artículo extenso, de 40 páginas, denominado "Aborígenes: La memoria perdida”, publicada en El Porteño, en 1982. 
Agarré el libro de antología de crónicas de Briante al azar. Luego me he quedado en ese artículo, y me pareció interesante el intento del cronista de encontrar la mitología que sobrevive en la memoria de los tobas y matacos (wichís y qom). No lo consigue. Los caciques le hablan de los orígenes bíblicos, se han desculturizado, tras avasallamiento de siglos, y también de los últimos años de llegadas de anglicanos. Estos últimos hasta les tradujeron la Biblia a sus idiomas, para que tengan como mitología sólo lo que dice la Biblia.
La crónica fue escrita en la dictadura, quizás antes o después de la Guerra de Malvinas. Allí aparece transcripta el habla de los funcionarios de ese entonces, con sus burocracias endurecidas y también el habla de los indios que llevan al español la estructura sintáctica de sus idiomas originarios.
La crónica también habla acerca de los prejuicios. Imagino el ancho abismo que se produjo en ellos cuando alguien les aconsejó que ya no tienen que ser más cazadores-recolectores, sino que deben convertirse en agricultores.
Y el abismo que ha generado no tener mitos, sólo algunas cosas como cierta comida. 
Sin expresarlo con todas las letras, Briante habla de lo terrible de la pérdida de memoria de los pueblos. Esta gran crónica finaliza esperanzadora: “la memoria puede estar dormida nada más”.

Y también hasta habla de los problemas prácticos de los tobas en sus tierras, de la supervivencia como artesanos. Briante, un periodista que no descuida lo social.
No conozco esos pueblos, pero he visto por youtube cómo hay que hacer para llegar a ellos, en el Impenetrable Chaqueño, en caminos anegados de difícil acceso.

Sauzalito es uno de los poblados más mencionados. Según ese video, los habitantes todavía siguen padeciendo la pobreza extrema que describió Briante hace casi cuarenta años, y siguen necesitados de cosas esenciales, y siguen viviendo de lo que pueden. 

El gauchazo noble frente al estanciero malo, uno de los primeros filmes argentinos



La película "Nobleza Gaucha" incorpora elementos, cinco años después, del Centenario de la Revolución de Mayo, celebración conservadora, que buscaba forzar lo identitario de la Nación, ante la ola inmigratoria europea.
Por ende, había un intento de clases conservadoras de buscar el mito del “gaucho bueno”, del gauchazo noble que hace gauchadas, del gaucho amable. Lo considerable del caso de esta película, una de las primeras de la filmografía argentina, es que es en ella el “malo” es precisamente un representante del poder económico, un estanciero rico que rapta a la chica del protagonista. El bueno es un proletario y el malo es un oligarca. Decir eso en 1905 tal vez fue un buen golpe de efecto ante los que consumían teatro y los primeros espectadores de cine.
En algún lado debe estar escrito que la inmigración de principios del siglo XX ha sido recibida por los habitantes primigenios con sospecha y recelo, pero muy pocas veces o casi nunca con racismo; a diferencia de lo que se ha visto en estas últimas décadas con los inmigrantes de países limítrofes o de otros países latinoamericanos.
En este film, el inmigrante que aparece es un italiano medio torpe, casado con una criolla gorda, que hacen una pareja estrafalaria y cómica. Él habla en cocoliche, y le cuesta adaptarse a las costumbres gauchescas pero es amigo del héroe.
En esa época, las clases dominantes nacionalistas perseguían a los inmigrantes con ideas anarquistas. Habrá que investigar un poco más cómo hicieron los autores de la película para hablar de un estanciero como del “malo”, como de alguien ladino que toma todo por la fuerza, con aliados como la policía y la Justicia, cuyos funcionarios acusan falsamente al héroe como de “cuatrero”.
En ese sentido es una película de denuncia social. O tal vez, ya se habría probado el éxito que tiene este tipo de argumentos en las clases populares (¿acaso no era así “Juan Moreira”, Martin Fierro y otros?).
Por qué entonces esa diferencia entre lo que puede verse en un relato popular o en una película de esa época con la continuidad de la realidad en otro carril, donde ganaban los “malos”, los “estancieros”, y con total impunidad, como ocurrió 6 años después de que se filmó esta película, a miles de kilómetros al sur, en Santa Cruz.
El guión de la película es bastante simple, casi de circo criollo y folletín. Y hay escenas de interés casi antropológico, como cuando se baila el pericón en la campiña verdadera, la doma, el Buenos Aires de esa época, el tranvía, los autos, las carretas, la admiración eterna del campesino que conoce la gran ciudad.

Datos de Wikipedia
Los directores fueron Humberto Cairo, Ernesto Gunche y Eduardo Martínez de la Pera, con guión 
de José González Castillo sobre los poemas Martín Fierro de José Hernández y Santos Vega de Rafael Obligado. 
Se estrenó en 1915 y tuvo como protagonistas a Orfilia Rico, Arturo Mario, María Padín, Celestino Petray y Julio Scarcella.

"Puerta de Hierro, el Exilio de Perón", la visión herbívora y didáctica



Aquí estamos, viendo la película “Puerta de Hierro, El exilio de Perón”. Ha comenzado teatralmente, con una breve síntesis de los momentos previos al exilio, de aquel bombardeo terrible de una fuerza armada contra la población civil en Plaza de Mayo. (Las cosas que nos han sucedido a los argentinos en cuanto a violencia y todo lo que falta por contar, entonces). 
Víctor Laplace, quien también es uno de los directores del film, utiliza metáforas explícitas, casi pedagógicas, como cuando Perón está tirado sobre el suelo de una oficina de la Casa Rosada y en plano picado se lo muestra con la bandera argentina derribada. He pensado: “no me vengas con eso, ahora”; pero quizás Laplace realmente le quiere dar un sentido didáctico a toda la película, después de todo, cuántos en la Argentina conocen lo que ocurrió. 
Digresión: Conocí personalmente a uno de los personajes de la película, Jorge Antonio, quien fue invitado, allá por el año 2006, cuando había “vacas gordas” en la Provincia y conspicuos porteños (intelectuales, políticos, empresarios) venían a Santa Cruz, cuna del presidente Kirchner. Antonio brindó, en la Cámara de Comercio de Caleta Olivia, una charla interesante sobre Perón y esa época cuando era consejero, y avaló al kirchnerismo como la continuidad de esa época. 
Luego de Perón, el personaje más atrayente en términos dramáticos es el de López Rega (muy bien interpretado por el actor Fito Yanelli). Por razones de tiempo quedó fuera de la historia algo que me gustaría que existiera en otra película: el proceso por el cual López Rega se transforma en un servil mayordomo (casi mariquita, según esta versión), hasta ser el oscuro mandamás de la Triple A. Este “Rasputín” de María Isabel Martínez de Perón, no poseía ideología alguna, salvo la de sus perversiones. E Isabelita (un “distinguido” para la actriz María Carreras), retratada como una mujer algo hueca pero ambiciosa. 
La película defiende a Perón, y hace muchas concesiones a ese regreso tortuoso a la Argentina. Hasta justifica la ambigüedad con la que trató a los jóvenes montoneros. Bah, justifica todas las ambigüedades de Perón, ese que permitía que malconvivieran hasta la extrema violencia la derecha y la izquierda en un movimiento.
Otro personaje secundario interesante es el del “Lobo”, Augusto Vandor, ese sindicalista que propugnaba un “Peronismo sin Perón”. La película insinúa que el primer intento de Perón para regresar a la Argentina se frustró porque alguien delató que iba en un avión que tuvo que hacer escala en Río de Janeiro. Por eso, la dictadura brasileña en ese entonces, aliada a la de la Argentina, no permitió la escala. Y allí, reiteramos, se insinúa que quizás fue Vandor el que batió esto a las autoridades. Un diálogo marcado por gestos y silencios dentro del avión entre Perón, Vandor, Antonio y otros, bien vale para los guionistas (Leonel Dagostino y el propio Laplace). 
Hay otras imágenes históricas que son más conocidas, como la de Perón hablándole a los jóvenes en su residencia, refiriéndose al continentalismo (una idea parecida a la que quería el tropical Hugo Chávez). Perón se acercaba a los jóvenes porque “los viejos” lo estaban traicionando, sería parte de este argumento.
La película busca mostrar a un Perón sabio, que se equivoca menos de lo que en realidad lo hizo, un Perón más herbívoro de lo que uno imagina que fue. Muchos preguntaréis, entonces: ¿Entonces cómo lo imaginas tú? Pues, un Perón un poco más demacrado físicamente, y viejo pero siempre astuto. Es que hay algo de verdad en eso de que un tipo viejo podrá perder la inteligencia de ver la realidad tal como es, pero la astucia es difícil que desaparezca. 
Dicho todo esto, hay que decir algo también: Laplace se ha ganado con creces el sitial de uno de los mejores intérpretes actorales de Perón. Desde aquella película de “Evita”, hasta la obra teatral (que vino a hacer también a Caleta, en el salón de la escuela religiosa): “Borges y Perón”, fue perfeccionando todo: los gestos, la voz, las inflexiones. 
Nota: La película fue estrenada en 2013, así que la figura de el “Tío” Cámpora debía tener alguna virtud importante, aquí se lo muestra como el más leal de los leales. 

Precursor del grunge

En aquella época, cuando tenía unos 13 o 14 años, incluso menos, cuando tenía 11 o 12 años, yo fui el precursor del grunge y nadie se ent...