Sunday, June 14, 2015

El irritante Yema

Y ahora, cansado Sarmiento de transcribirlo a Yema, prefiere escribir él mismo. Y esto cuenta.

“Yema en este punto de su relato siguió desvariando. Se iba por un lado y por el otro, y a cada rato decía: ‘caí muerto, caí muerto’; cuando no era que se había caído, simplemente quedó tirado con un charco de sangre, al lado del mesón que habían colocado fuera, en el patio. Sí fue cierto, porque eso sólo él lo sabe, el dolor penetrante e insoportable, la llamada a la ambulancia, el traslado en automóvil desde Banda de Lucero hasta Aisunasta, cruzando un río bajo, pero barroso. Era hora de la siesta, de calor. Más dolor no podía haber, quizás el alcohol pudo calmar un poco el dolor, pero no era suficiente. Lo habían acostado a Yema en el asiento trasero, boca abajo, con el dolor en el cuerpo, era como si le pasaran un cuchillo con el filo caliente, a cada rato, por su baja espalda.
Y así lo llevaban. Y lo llevaban con la sensación del filo ese, ácidamente penetrante, irritando las células nerviosas de esa parte como si estuviesen a punto de fundirse. Yema pensaba que se iba a morir. Tardarían veinte minutos en llegar a Aisunasta. Encima lo llevaba Rolando, totalmente dado vuelta por un porro que se fumó detrás del baño de adobe. Rolando era el único del grupo que sabía lo que era marihuana. Los demás respetaban que fumara eso mientras no jodiera a otros, mientras no los jodiera invitándolos.
Rolando era un sujeto que vivía enteramente en una película con la música de Almendra y Pescado Rabioso dentro. En el caso mío, hubo momentos en que parecía estar dentro de una película con la música de Soda Estéreo o de La Banda al Rojo Vivo, o de Raly Barrionuevo.
Éramos tipos grandes todos, de más de 40 años, y terminar así un asado, con un cuchillazo.
Sabíamos que Yema era insoportable a veces, bromista, de sangre pesada. Pero nadie pudo entender por qué se cansó Antón de todo eso y le propinó el cuchillazo, por qué se puso tan agresivo. Además de la etapa del león en el alcohol, qué fue lo que zahirió aún más a Pepev, de las cosas que dijo Yema, que le hablaba de la Madre Rusia. Ni siquiera le mencionó nada de política rusa. Algo cayó mal en el cerebro recalentado de Pepev, algo que quizás tenía que ver con lo no resuelto, esas cositas que duelen y provocan que una parte del espíritu quede como un tímpano hiper-sensible después de una gripe A.

Eso fue, seguro. Eso fue. Pero Yema y Antón solo sabían de qué se trataba. Y Yema, desvariaba otra vez en su relato, pero algo alcancé a entender, que hablaba de un hijo que Antón tuvo con la hermana mayor de Bruneta del Rosario, y que esta hermana mayor, Zulma, ahora vivía en Pico Truncado, y que desde allí parecía reclamarle dinero; pero no era tanto eso, sino que hubo algo que dijo Yema, de que Zulma vivía con Mashico, de La Puntilla, que ahora se había convertido en una “Boca de Pozo” petrolero con buen ingreso mensual. Quizás lo que molestó a Antón fuese que Yema, con su verborrea, no supiese que Mashico no era petrolero, que tal vez antes lo fue, y que ahora era integrante de Prefectura Naval. Y que Yema, con su irritante chismorreo, haya querido decir que el ingreso de Mashico era superior al real, que incluso haya mentido de que era petrolero, sólo para provocar bronca en Antón. Yema siempre hacía eso, buscaba que los otros se enojaran, pero no porque buscase pelea, sino para entretenerse con la ira de los demás, no para entretenerse, sino para que sentirse protagonista de algo que le sucedía a los demás. 

Friday, June 12, 2015

La desarreglada



Vanina Ayelén pidió que ocultemos que a un amigo lo metieron en cana por llevar varios porros de marihuana.
Eso fue una semana antes del segundo pedido.
En la segunda petición Vanina ya era la protagonista de la noticia. Nosotros no sabíamos quién era. El Juzgado de Instrucción nos había dado sólo datos del lugar, horario y circunstancias, y los protagonistas eran sólo “individuos”, “la sujeto femenino”, “la mujer”, y un temeroso escribiente no dijo nada más.
Lo cierto es que Vanina había estado borracha en un boliche, se había peleado con su nuevo novio, un “fucking novio de una sola noche”, “olvidable”, incluso, en la manera de hacer sexo, de esos de “pon y quita y punto”, de cierta pesadez de mulo luego del poner y poner.
Pero con ese tipo ella había peleado justo frente al boliche, a la salida. El tipo le pegó en la cara, y ella le devolvió un tortazo con cascote en el cráneo. Se lo dejó fisurado. Ella misma llamó a la ambulancia, y ella misma se fue con él. Y después, como “no era taaaaan grave”, dejó que se curara en la cama hospitalaria y que un amigo quedara a cargo de él y ella nomás se fue, luego de declarar ante la Seccional policial. Es que había dejado solos en su casa a Franquito de un año, a Solange de tres, y a Fernando de seis.
Pero Enrico, nuestro redactor, puso algo que nada que ver. Puso que ella (la sujeto) se había marchado, casi huyendo después del golpe. Nada que ver. Y es entonces que ella se acercó a mí por ese tema.
Además, me dijo que estaba en la cuerda floja, que el padre de sus dos últimos hijos le había iniciado juicio y que le podrían quitar la tenencia a ella. Y esto sería fulminante para ella.
“Así que por favor, quitá mi nombre. Y, de ser posible, quitá toda la noticia. Es cierto, tomé, y él tomó, pero no pensé que iba a terminar todo así”, imploró.
Mientras yo quitaba esa nota del portal me decía: “al fin y al cabo, qué podía costarme”.
Pensé en sus ojos. No eran tristes sus ojos, eran desesperados, pero no la desesperación existencial, era otra desesperación, la de las personas que hacen las cosas mal, pero que eso no les quita el deseo de seguir haciendo desarreglos, como que las dos tensiones están al mismo tiempo vigentes, no se anulan. La culpa y la acción culpable marchan paralelas, el deseo sexual y de diversión marcha al mismo tiempo que cierta conciencia de que sé que hago mal pero lo hago lo mismo, y esto último sin hacerse muchas más preguntas. Hacerse más preguntas sería que ella fuera otra persona. Así, no son no víctimas, ni culpables, ni malas del todo, ni buenas tampoco, menos que menos. Son personas que viven en el desarreglo y sufren por ello.

Yo sé que está mal hacer comentarios acerca de las personas que se acercan a nuestras oficinas. Pero soy un comentarista de la vida. No un narrador. Yo no sé adónde irán luego esos ojos culposos y de libido a posarse, no me interesa seguir sus pasos. Me interesa ese impacto que dieron en mí. Así es uno de mezquino. 

Tuesday, June 09, 2015

Nariz que roza roca en la huida hacia la libertad


A lo mejor uno toda la vida se hubo preparado para salir corriendo como liebre o mara patagónica, con la nariz hiper-sensible, casi mocho, nariz rojiza porque se pegó pero qué golpe en los cartílagos nasales inferiores.
Y salía sangre, resulta que salía sangre, pero de ello nos dimos cuenta cuando dejamos de correr, cuando, acurrucados en la cueva pelusona, nos percatamos de que la herida venía de allí, y caímos en la cuenta de que ese accidente ocurrió justamente cuando rozamos una roca, en la loca carrera, en la escapada no alada de huir de algo que no se sabe bien qué es.
Porque el conejo pisciano que uno termina siendo, esa especie de liebre atontada por el miedo que uno sigue siendo, de verdad que no sabe de dónde escapa, de qué lugar. Aunque sí sabemos que escapamos de cierta serenidad, de cierto encierro, y que nuestra “serenidad” convenía a los monstruos de las otras personas- conejos.
Y luego, cuando uno está lejos, cuando uno, por fin, ya logró escapar, se pone a mirar con cierta lástima a esos conejos que quedaron allá atrás, bramando.
La pucha, qué es lo que pasó con aquello, por qué la vida se da así, y no de otra manera, si dan ganas de llorar. Y no sólo la vida se daba así, sino que teníamos el coraje achicado, como el de Remo Erdosain.
Bueno, es por eso que uno había corrido, para salir en libertad, para verse la nariz ensangrentada, y para verse a sí mismo, ciertamente como al comienzo, cuando no había otros conejos con problemas parecidos. Pero, ah, en el camino, qué manera de dejar cosas, y no sólo pedazos de cartílagos, sino: ¡tantas cosas!

Insultar al viento

Día 3 Suele ser inútil la pregunta de por qué el odio. Pero tiene algo de adicción hacérsela. Empezaré a caminar. Día 4 Caminé, cami...