Saturday, November 16, 2013

Guerras intestinas en romances lugonianos

En la reseña del “Diccionario Político” de la revista “Barcelona”, siempre abridora de ojos para mí, se habla de Lugones, quien le dejó una “herencia” al dictador Uriburu: el hijo “Polo” Lugones, del que ya todos sabemos que inventó la picana eléctrica, la cual fue usada contra otra descendiente de Leopoldo: la guerrillera “Piri”. Decía que Barcelona comentaba acerca de la conveniencia de acercarse a la obra de Lugones, sin prejuicios, porque para prejuicios estaba el propio Lugones (menos el del anti-semitismo). Hace poco he comprado “Romances del Río Seco”. Cuidada impresión de “Ediciones Pasco” que firmó un contrato con los derechohabientes del escritor para publicar la obra completa. Está el conservador Pedro Luis Barcia como presentador de la edición. Pensé encontrarme con alguna página preciosista como en “La Guerra Gaucha”, sin embargo me encontré con un vocabulario casi adusto como los caminos de Chañar Seco, de no ser por alguna que otra palabra gauchesca. Oralidad y sequedad; simpleza, como la que se lee en “La cabeza de Ramírez”. “Ya pisando el siglo, andaba Siempre al galope en un macho, Las barbas como bandera de boliche con despacho” Anoté en un papel: “10 de julio de 1821. La muerte del “Supremo Entrerriano” a manos de Bedoya”. Anoté debajo: “Una época que naturalmente nos subyuga, digamos que la que va desde 1820 hasta 1870, o un poco más, hasta la época de Alsina y Mitre, pasando por la del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, y la de los caciques mapuches”. Anoté otra sorpresa: “la guerra intestina sucedía simultánea a San Martín liberando el Perú. ¡No se había exiliado San Martín y ya estábamos peleando acá!” “()que el mismo día, señores, Entró San Martín en Lima”. Dije: “Estábamos”. Y sí. ¿No habrá habido algún gaucho Romero, de Traslasierra, peleando en algún bando en esa época? Debería averiguarlo en los registros civiles de Nono, Villa Dolores, Las Rosas, por esos lares, o incluso por los pueblos del norte de San Luis. Y otra época: la de 1920 a 1930, más o menos: anarquistas, inmigración galopante, Severino Di Giovanni, pero por sobre todo: masacre en Santa Cruz. Mis intereses históricos del presente han sido develados.

Friday, November 15, 2013

"Overjoyed" sobre almohadones


Overjoyed, suena a que la performer siente que algo o alguien le concedió un regalo.
Con un regalo, toda mujer tiene algo de bello. Más en general, toda mujer tiene algo de viejo, algo de pueril, algo de desafectado, algo de heridor, voluntad de herir, pero mucho de almohada, y eso es lo que quizás les molesta, que alguna vez les haya tocado en suerte ser almohada.
-¿Te gustaría ser almohada de alguien? –pregunta ella a él.
-¿Por qué no? He dicho, varias veces en lo que va de la vida, ‘apoyad esa cabecita en mi pecho y dormíos’.
Y, luego de la cuarta copa, antes de la somnolencia, él dice algo así: “los sueños deben coincidir para que vosotras estén overjoyed y muy amadas.  Tal vez en esta vida, tal vez en otra vida”.
-En otra vida seremos nada, deja de creer esas tonterías de… en otra vida. En otra vida, no hay lugar, y todas esas cosas. 42 años y ya estamos con la realidad.
-Entonces, da tú la solución.

De esta reunión,  de este espectáculo, quieto impertérrito, escuchando a Esperanza Spalding, "Overjoyed" at the Gershwin Prize for Stevie Wonder.




Ilustración: http://standardbalboa.wordpress.com/2010/07/06/jazz-en-los-jardines/

Tuesday, November 12, 2013

Ignorancia sobre Rufino Cuervo


Pensé que Vallejo estaba bromeando y que Rufino Cuervo era un personaje, y que él estaba haciendo alguna especie de romo experimento al dar detalles exhaustivos de un domicilio, una carta sobre una deuda, la larga lista de deudores y acreedores, y otras minucias.
Pero no. Ignorante soy. Rufino Cuervo existió, y Vallejo lo hizo santo súbito, santo del idioma.
Tan sobrehumano esfuerzo habría hecho San Cuervo Blanco que me hace acordar a Balzac, maniático descriptor de la comedia humana decimonónica; o bien a Sartre con su biografía filosófica de Flaubert en “El Idiota de la Familia”.
Para Vallejo, estas comparaciones serían odiosas e insuficientes, pues él mismo ha hecho tamaño esfuerzo para canonizarlo que se quemó las pestañas (y la córnea, literalmente) para leer y releer, indagar en cartas y papeletas sobre la vida de Cuervo.
Y a quién le importa tamaño esfuerzo. Tarea de Sísifo. Sólo maniáticos como él, como ellos, como uno. Yo, por ejemplo, ya que no puedo viajar, quería retratar hasta el detalle la violencia de El Salvador de fines de la década del ´80, husmeando en los periódicos (La Voz del Interior, Página 12); o bien hacer una antología de mil y una noches escuchando temas musicales diversos (desde Tru-lalá, hasta Esperanza Spalding, pasando por Couperin y Bach; es decir, lo que escucho); también hice, de pequeño, un fichero de los libros que tenía mi tía María Adela; quería también describir una página sobre cada pez raro y también sobre cada escarabajo;.
Lo mío, por falta de constancia (un defecto mortal) no ha superado algunas páginas. Pero aquellos fueron más allá, hasta la casi ruina.
Ahora bien, no creo que Vallejo se arruine con esta biografía. Él entiende la biografía como un género menor que la novela, la cual, según él, es el género mayor e insuperable. Vallejo cree que un biógrafo debe atenerse a una limitadísima transcripción de textos, cartas y datos del biografiado, tanto que sólo debe permitirse hacer una transición para abrir comillas.
Vallejo exagera y no. Porque también arremete contra la biografía novelada, a la que califica como una canallada, y despotrica contra Mario Vargas Llosa, millonario narrador al que ahora le interesa este género bastardo, como se ve en el caso de “La fiesta del Chivo”.
La prosa de Vallejo no es exquisita, ni abigarrada, pero sí es transparente, correcta y musical y no abusa de nada, salvo de sus insultos a la religión y a los políticos y a Colombia. De todos esos insultos, no le creo mucho cuando los lanza contra su país natal. Termina haciendo lo contrario: canoniza hasta el máximo a un filólogo colombiano y, de paso, nos revela qué pasó en la Colombia de la transición entre el siglo XIX y el XX.
Pasando la página 200 comencé a hartarme, no obstante. Ya venía un poco cansado de los datos de sus amigos, de con quién se carteaba y en qué fecha y desde qué lugar, y a esa altura estaba con más datos sin sustancia. Datos, fechas, calles, números, cómo arregló con este o aquel editor, pero nada de cómo hizo el trabajo, de por qué, jamás sabré cómo surgió la manía y qué placer encontró en ella. Ni siquiera abre comillas para cartas que expliquen el proceso de trabajo filológico, apenas una descripción de cómo sacaba los datos de la compilación de autores españoles de Rivadeneyra.
A pesar de todo eso, hay algo que me hipnotiza de este libro, en apariencia, seco. Es que se habla del idioma, y de alguien apasionado por el idioma español. Incentiva a leer más gramática, a conocer las reglas, a aprender a hablar y escribir con corrección el idioma, por más que el vendaval de la historia y la “anglicalización” lo estén socavando.

Un literato es eso: un maniático que hace una tarea de Sísifo, inútil para las grandes masas, pero esas tareas, piedras que guían en el río. 

Precursor del grunge

En aquella época, cuando tenía unos 13 o 14 años, incluso menos, cuando tenía 11 o 12 años, yo fui el precursor del grunge y nadie se ent...