¿El calor de Caleta Olivia
es el calor mismo del torreón de adobe?
Acullá, salías a la tarde, de aquella radio enfrente de las montañas del Gigante Dormido, caminabas hasta barrio Estación Norte.
Soporífera exhalación de los matorrales, de las chuschas de los chuschentos albañiles de la Municipalidad aisunasteña.
Antes, era preciso, vagar hasta una vinosa y placentera siesta, ensoñando amores ideales.
Provincianía pobre, provincianía anacrónica.
Una Boheme de pobreza mestiza, de hastío, de contención católica y deseos sexuales extrapolados, de la testuz de mis vecinos, abaucanes que agacharon su testuz por miedo a ser aniquilados, y nosotros, sus descendientes, hablamos por lo bajo,
antes de que nos cercenen las manos y las claven en cruz a la entrada de una alcaidía.
Vinosa siesta tomando vino bueno.
¿Querías la carne real o imaginaria de Bruneta del Rosario Cocha?
Corran pequeños choiques, espántense chuñas de pico fuerte que aquí, debajo de ese algarrobo hay lugar para mí.
Y el miedo a la sierpe, pues ya auguro su silbo amplificado en mi piel.
Eso era.
Eso allá.
En cambio aquí, no hay soporte en la playa de sal y algas, brisa salvadora del Golfo San Jorge
Hay calor, hoy, en Caleta Olivia, pero no es el calor de aplaste y vino, de tiempo en derroche, acá es, más bien, el calor del hastío de obligarse a dar respuestas a los demás.

1 comentarios:
Querías la carne real de Bruneta del Rosario Cocha, sin la menor duda, viejo.
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