Sunday, May 01, 2011

Olivino norteño (7)


Después de esa proclama, se avino a una profusa explicación sobre las bondades superlativas de cierta piedra semi-preciosa que será, en un futuro inminente, de gran utilidad para los conductores eléctricos, diez veces mejor que el cuarzo azul: el olivino. Fue la primera vez que escuché esta palabra.
Esa piedra vino a romper con la mansedumbre de mi vida, como si, en verdad, hubiese sido arrojada con destemplanza al estanque espejado de mi ser, y lograse sacarme de mi retrepada vida, la que había construido a mi gusto gótico, escenificando con delectación unas rutinas, con sus objetos y sus placeres, similar a la de un vampiro amo con sus vampiresas y su sirviente.
En el cauce del río Senguerr, allá en la Patagonia –me informó Fernando, con regodeo- la encuentran a esa piedra, sobre todo en la línea inferior. Y él, estando de merodeo por aquella región, en aquel dar vueltas con su grupo sin saber dónde estaban los lagos, encontró a un tipo curtido, que caminaba solitario por entre cañadones. El tal se llamaba Hugo Orquera, hombre que presentóse como un “coya” sapiente de piedras, proveniente de una zona de Catamarca.
Al hablar largo y tendido durante una noche, en el mísero campamento que habían levantado, Orquera entusiasmó a Fernando con que el olivino está en grandes cantidades en un área del Senguerr , listo para ser trasladado en cantidades industriales, como granito negro, pero que en otra parte, muy lejos de allí, el olivino está en rocas donde es transparente, en un estado ideal para ser convertido en bellas gemas. Muy lejos, significa allá en la semi-puna.
Al menos eso entendí de lo que hablaba Fernando. En ese entonces, cabe acotar, nada de eso me interesaba tanto como haber salvado mi vida, o al menos, haber prolongado mi existencia gracias a su perdón, que, hasta que no me dijese lo contrario, era temporal.
Pues bien, su intención era redistribuir su menguada tropa en diversas tareas de negocios y pillajes por la región, tal como lo había hecho en el sur, mientras él avanzaba con un plan mayor, pero oculto a las autoridades. En principio, Fernando se encontraría con Orquera en Antofalla, en varias semanas, en un lugar cercano a un volcán denominado Galán.
Le interrogué que si yo no sabía nada de negocios, nada de minerales, en qué punto de su plan entraba. No tardó en decírmelo Fernando, luego de que le hubiera escanciado la cuarta copa de coñac: “serás mi traductor del idioma de los licanantai”.
- ¿Cómo sabes que hablo kunza?
- Tu paje habla kunza y muy poco de español, lo supuse.
Para algunas cosas Fernando del Medio tenía una sagacidad refinada, para atraparte por ejemplo con tareas a las que no puedes negarte, so pena de lo peor.

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