Tuesday, May 03, 2011

Día de preparativos (10)


¿Cuántos años me quedaban de vida? Con suerte, veinte años; con menos suerte pero entendible, unos 15 años; y si la menor fortuna me está reservada, en cualquier momento accidental puede acaecer mi desaparición física.
Habrase visto que yo me aferraba a la vida. No tenía hijos, así que sólo quería saber cómo podía estirarse la aventura de mi vida.
Por eso, por más que adoraba la quietud y la holganza en mi hogar, no me resistí mucho a salir de viaje con Fernando del Medio.
Al día siguiente, algo repuestos en sus fuerzas, los gorilas, cuyos nombres son Juan Acurio, Francisco Alba, Diego Gallego, José de Huelva, Antonio Colmenero y Fausto Arratia, ayudaron en las tareas, prepararon los pertrechos; deseantes, siguieron mirando de soslayo a mis tres compañeras de lecho; también hacharon y apilaron maderos, prepararon enormes cantimploras, tajearon los jamones y los charquis dividiéndolos en cantidades para cada morral; sacaron ungüentos de mi farmacia para sus heridas; se lavaron en la siesta luego de bañarse en el manantial de La Senectud de las Nueces; también lavaron sus harapos y yo obsequié a cada uno una camisa limpia y blanquísima.
A la tarde ya tenían suficientes energías como para reunirse en el soportal a hacer bromas y, seguramente, a hablar de mis mujeres y a reírse de mi futuro como “Antón, el gran cornudo, el triplemente cornudo”, que lo escuché desde la caballeriza cercana, cuando preparaba una mula.
Fernando los comandaba, pero en los momentos de descanso él los dejaba hacer, hasta cierto límite. Mis féminas no se permitieron ni una sonrisa ante aquellos chapetones salvajes, y estuvieron hacendosas en toda esa larga jornada.
Al final, terminamos todos en el gran mesón, ante unos platos frugales de pollos y pavos asados con papas y remolacha hervida, pero con copiosa bebida, vinos de uva bonarda de El Puesto (Catamarca), torrontés de unos monjes de Cafayate (Salta) y unas delicias que alguna vez me trajeron del Alto Valle del Río Negro.
Esa noche, todos descansaríamos verdaderamente.

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