Thursday, January 14, 2010

Escapulario de mañana



Por la mañana, somos protozoarios sin anhelos de andar, por eso pegamos un salto evolutivo, intempestivo, a homo-escapulario, hombres con escapularios rotos, manchados. Ni siquiera estamos listos para hacer la venia. Bajo el agua de la ducha calentamos el motor del automóvil, por si brota algo.
Salimos, para que nos descubra el mar azul. O tu aparición en algún lugar trivial de Caleta, que casi te trivializa a vos, oh mujer que lidias con las junturas de los huesecillos de los demás, oh mujer que bastará una caricia para sanarme, ni siquiera tus lámparas calienta-huesos son tan necesarias como ese roce de tu mano en mi brazo roto.
Estamos creciendo, que a los cuarenta años es aprender a permanecer. Porque el furor de los treinta años se perdió en algún lugar. Vulgarmente dicen que ese furor de los treinta se pierde en las borracheras, en los enojos, en los abandonos.
Ahora mismo, en el barrio Gran Jardín de Caleta, que es donde calienta el motor de nuestro auto, pasa un pibe de la barra de la calle de arriba que desgasta su furor, se opaca insultando a otro pibe de la barra de la calle de abajo. Es la ira malgastada.
Un frío enero, querido yo de la década del ’80, es un frío enero, querido yo que te reías absurdamente.

(Basado en el tema “Perdeu” de Caetano Veloso)

Tuesday, January 12, 2010

Pies con savia amarga bailando en rada




Sisean los pies descalzos en las hojas acorazonadas, lanceoladas, amontonadas de verde en verde. El verde traslúcido de las hojas de arriba iluminaban la piel oscura de Cayetano en esa siesta, cuando cruzaba un tramito de selva, un vértice de la selva, que crecía frente a su casa de Misiones.
Hoy, Cayetano, es un hombre de cabello entrecano, que, aprovechando el tiempo de brisas en la zona norte de Santa Cruz, saca la cabeza de la ventanilla del auto y deja que el viento le tapone el oído. Su barba sisea al viento, y ese sisisisisisisis de su barba la asocia con la barba del viejecito que tocaba el violín cuando lo invitaban a comer chancho asado en la casa de la infancia.
Cayetano es marinero, de la flota amarilla que opera en el Puerto Caleta Paula. Esa mañana, mientras lo trasladaban de Pico Truncado al recinto portuario, recordó al viejecito, y recordó que días después del asado con el violín del viejecito bailaba en el río recordando la música del viejecito, haciendo monadas para que se rían sus amigos.
Esa mañana se asombró de no estar triste. Tal vez las resacas de los lunes son depresoras, pero hoy es martes. Y está todo bien, porque se reconoce en una ruta, en un camino. Porque la cosa sigue y sigue. No debería preocuparse por Miriam, pero sí por Claudita. Ambas, ex esposa e hijita, volvieron a Misiones, donde él hacía un programa de radio cumbiera, para sacarse el gusto de pasar la música que él quería, porque la pobreza seguía arremetiendo con sus nervios.
Pero es mejor estarse aquí, en Caleta. El camino sigue y sigue. “Y a seguir aquí en el sur”, dice, pero no con resignación, sino afirmándose, afincándose, aferrándose.
Aquella vez, cuando hacía monadas, estaba en el río imaginando que estaba en el mar. “Y aparecerá la sirena, aparecerá la sirena”, les gritaba a sus compañeros de juego. Pero, ahora, veinticinco años después, que llega al puerto, que ha estado en alta mar tantísimas veces, no hay sirena. Hay merluzas con ojos circunspectos. Mar y peces muertos en las canastas. Un compañero, de Corrientes, hace un Sapucai, de puro aburrido. Han sacado pocas merluzas. Vuelve el barquito a puerto.
Pequeñísima vida, finísima vida vio en los árboles en su infancia, con el perro lamiéndoles los pies, pies de gusto amargo por la savia untada a los talones.
Un poco de baile en rada, mientras bajan los pocos cajones de la jornada, no está mal. Entonces él se sorprende haciendo el Sapucai y meneando las caderas en el muelle.


(Basado en el tema El Camino del disco "Pinandy" del Chango Spasiuk)

Una lucecita al amanecer.

Día 2 Abro este archivo que dice “diario de la luz”, e inmediatamente apago el cigarrillo. Limpio la habitación, dentro de las fuerzas q...