Wednesday, November 07, 2007

Digresión


Debido a mi larga larga ausencia, creo que merecéis al menos una digresión explicativa. Casi casi abandono la idea de un blog. Me había parecido absurdo teniendo en cuenta que tengo otras prioridades a saber: procurar alimento para mis pequeñitos piantes, resistir el arreciar del tiempo y el viento y el cruento, y otros menesteres que me depararon las urgencias, la súbita muerte de mi padre (debo ser crudo), mi extirpación de vesícula (por suerte ya no tengo bilis negra y esa es una buena noticia espiritual), en fin...
¿Pero por qué no abandono el blog? Por la amistad. Brindo por ella. Y porque he leído al máximo carnotista mundial que posteó varias veces minis relatos con un oficial bielorruso. Me pareció maravilloso que tuviera vida en otro blog. Maravillosa la comunicación. Así que gracias Ulschmidt.
Y también porque algunos amigos generosos de Tinogasta, Catamarca, de Freiburg y de Moscú me preguntaron por mails.
Así que no me queda más que brindar con un vino syrah y continuar. Pero a lo mejor no siga con la saga (o si?) de Jorge Sarmiento y demás, a lo mejor derive y deambule con el nuevo paisaje patagónico. No sé. Pero seguiré...
La foto de la ballena la tomé el domingo pasado cerca del muelle. La ballena franca austral apareció de repente al mediodía. Y dio volteretas y se hundía. Vaya a saber cuál es su derrotero ahora.

Esta es la breve crónica que escribí.

La verdad que los róbalos y pejerreyes que iban sacando del mar los más de cien participantes del concurso de pesca que organizó el SOEMCO (Sindicato de Obreros y Empleados Municipales de Caleta Olivia) no daba para hacer alharaca. “De medianos a chicos”, comentaban decepcionados ellos mismos, mientras señalaban sus tarros con los pocos pescados.

Así transcurría el calmoso mediodía de este domingo hasta que un pescador avispado la divisó y gritó: “¡una ballena!”. Para todos los demás parecía una de las tantas bromas que se despachaban entre sí, debido al “pique flojo” que hubo durante toda la mañana.

Pero, un par de minutos más tarde, sí, todos la vieron frente al muelle, tan cerca, a menos de doscientos metros de la costa, y lanzaron gritos de júbilo. Efectivamente, una ballena mostraba su lomo entre las olas turquesas de esa hora. Después dio una voltereta suave, aireando una de sus aletas para sumergirse otra vez. Y luego otra vez, y otra vez por más de dos horas.

El cetáceo se paseó muy orondo por todo el tramo de la costanera, de norte a sur y de sur a norte, desde el muelle hasta el club Náutico, ubicado unos metros más allá.

“Soy nacido y criado acá y te juro que nunca había visto una ballena tan cerca”, dijo un municipal que no paraba de sacar fotos desde su celular.

“Las piezas pescadas fueron chicas, y creo que fue por la ballena presente, además, ni siquiera lobos marinos había”, comentó un avezado pescador, mientras sus dos pequeños hijos aplaudían al ver emerger alguna parte del maravilloso animal.

(www.elpatagonico.net)

Insultar al viento

Día 3 Suele ser inútil la pregunta de por qué el odio. Pero tiene algo de adicción hacérsela. Empezaré a caminar. Día 4 Caminé, cami...