Wednesday, March 22, 2006

A Sarmiento, que va de romería al torreón de adobe, lo ve el Nene Rasgido

Hay lugares en los arrabales de Aisunasta, a pocos metros de la primera casa de Saquije, que, al pasar frente a ellos, dan la sensación de cierta dejadez, como si la “musculatura” de las cosas, de los enseres, de los artefactos inutilizados, de los montículos de escombros se aplastaran sin aire, con el aire. Acaso sea porque en estos sitios están, a la vez, el desorden de las gomas, los amorfos caños de plomo y los esqueletos de vehículos herrumbrados, la humedad aceitosa de la tierra apisonada y la falta de colores fuertes; el paso del tiempo en ellos es tan pesado, que cualquiera los creería abandonados si no fuese porque de pronto se escucha un martilleo metálico que, al ladrido de unos perros vecinos, se detiene y, luego, surge debajo de un trasto una persona abetunada, con la ropa oliendo a gas oil y con la cara sudorosa.
Esos sitios gérmenes de embrutecimiento de los sentidos existen entre Saquije y Aisunasta y en la misma pequeña ciudad. Hay uno sitio ubicado al extremo oeste de la polvorienta calle que lleva a un barrio de fincas de vid. Esta calle pelada y sin sombras en época calurosa, desguarecida durante los fríos, la mayor parte de las estaciones sin iluminación pública, es notable por la blancura de su arena, siempre blanda y seca, por la estrechez de sus veredas y por la sosera de las fachadas planas y rectas de las casas que pertenecen a nuevos y a viejos inmigrantes de parajes altos.
En la punta de esa calle está ese sitio germen. Saluda el Nene Rasgido, el germen mayor. Jorge Sarmiento cree que dijo “hola”. El Nene apenas puede mover los labios cuya comisura derecha está demasiado estirada en una exagerada esfera de acullico. Es el último vecino que lo ve a Sarmiento... Sarmiento, en su trayecto al torreón de adobe.

Una lucecita al amanecer.

Día 2 Abro este archivo que dice “diario de la luz”, e inmediatamente apago el cigarrillo. Limpio la habitación, dentro de las fuerzas q...