Sunday, April 02, 2017

Precursor del grunge


En aquella época, cuando tenía unos 13 o 14 años, incluso menos, cuando tenía 11 o 12 años, yo fui el precursor del grunge y nadie se enteró en el mundo, y cinco o seis años después apareció Nirvana y todo eso. Bueno, salvando el egotismo inicial, diríamos que era factible y hasta había una necesariedad en esa época de que apareciese el grunge.
Yo bailaba, cuando todos se iban, en el comedor de mi abuela, o escuchaba en mis auriculares esa música, en la década del 80, digamos 1984, o 1985, esa época en que prefería estar así, oculto. Escuchaba heavy metal y veía películas Tarkovski y el italiano.
Pero no tenía ningún conocido a quien le gustara esa música. Es decir: estaba solo en gustos culturales. En cuanto al grunge: no me animaba a hablar con alguien que le gustara esa música, porque era música que ni siquiera había nacido, era el grunge propio, y después vino Nirvana y la hizo más prolija, pero no era lo mismo, porque mi grunge era surgido de la tristeza de un barrio pobre de Córdoba, donde se escucha cuarteto y los padres y tíos toman vino los fines de semana.
Digamos que me vestía con zapatillas viejas, con ropa desteñida (un saco de lana, así nomás), y así andaba por el mundo, pensando que era una estética en sí, y entonces, no era que yo era un descuidado de lo que pensaran los demás, sino que, al fin y al cabo, yo también quería dar un mensaje. El siguiente: A mí no me van a atar las ataduras de la moda, o ese tipo de cosas, pero también había una dejadez por parte de mi padre y de mi madre y de los que me rodeaban, que no les importaba como vistiera, porque supuestamente yo era eso, y me querían por eso.
Y de vez en cuando aparecía alguien muy crítico y cerrado, como una de mis tías que decía que había que vestir bien, que tenía una cuestión antipopular.

Lo cierto es que estaba encerrado en esas cosas, de ser o no ser, de vestir o no vestir, y terminé no vistiéndome, y decir que yo soy importante y que me deben querer solo porque yo estoy vivo, y sin dar nada, al contrario, intentando que me rechacen, directamente que me rechacen. Eso era el grunge para mí, desaliñado hasta el nihilismo. 

Sunday, February 05, 2017

"No se hable más"

Ya todos en el comedor, fueron sentándose acompañando los movimientos con sonrisas. La tele estaba prendida en un canal informativo.
-¿Si paramos con tanta noticia? ¿Quieren saber que Macri está destruyendo el país? Sigamos escuchando esto, entonces- dijo Cecilia, buscando entre las almohadas de los sillones el control remoto.
César, otro docente, silbó a manera de reprobación. Antes había comentado al pasar: “El día que devuelvan todo lo que robaron los Kirchner, esto será mejor”.
Bruno se sintió molesto por la hipocresía de ambos, pero sobre todo por la hipocresía de los macristas que hablan de republicanismo y hacen lo contrario a ello, y porque hablaban de que los Kirchner hicieron la brecha entre los argentinos, pero en realidad, la andanada de odio venía de ellos. Pensar todo esto, pensar la política desde lo emocional lo desgastaba.
En esto, intervino rápidamente Albano: “Política no, eh. Además ellas no lo van a entender (señala a las europeas). Poné algo en youtube”, le ordenó a Cecilia.  
-Ay sí. Pongamos música. –respondió Cecilia. -¿Qué les gusta a estas chicas?
Todos las miraron. Ellas, que ayudaban a acomodar platos, cubiertos, servilletas o a mirar algunos raros adornos hechos con conchas marinas que estaban sobre un aparador, se quedaron pensativas. 
-Nos gusta la música clásica. Pero por nosotras, ahora, estaría bien cualquier cosa que se escuche en los asados- respondió la alemana, haciendo un notable esfuerzo para que sus consonantes no sonaran tan fuertes.

-¡Listooo! No se hable más. Vamos con las chacareras del gordo Alfredo Abalos –dijo Albano, dejando la carne para teclear en la computadora conectada al televisor de grandes dimensiones.

Monday, January 30, 2017

"Debimos haber sido", guión de corto

                                                                           
                                                                           
                                                                           
             
Actor caletense, Jorge Montoya, en el papel principal, del corto filmado en la UNPA UACO. Año 2015
Guión Debimos haber sido Escrito Por: Marcelo del Valle Romero
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
          ESCENA INTERIOR DIA                                              
                                                                           
          Rodolfo Salinas está dentro de una habitación de un lugar        
          que parece ser un derruido centro de salud mental, de            
          recuperación de traumas post-guerra. Viste casaca y pantalón     
          militar de marina de guerra arruinada, sucia y con algunos       
          agujeros.                                                        
                                                                           
          Su mano planea sobre un charco o un hilo de agua que hay en      
          el suelo. Y hace un ruido con su boca, como de niño que          
          juega a que una nave planea sobre el agua.                       
                                                                           
          Deambula, da vueltas, apoya su frente sobre la pared mirando     
          al vacío, se tira al suelo.                                      
                                                                           
          Se pone a llorar, y mira hacia arriba, hacia todos lados.        
                    Flashback sonoro: Se escuchan                          
                    sonidos de recuerdos, voces de                         
                    mando, recuerdos de guerra,                            
                    "Sargento Salinas, ahí!", grita un                     
                    militar superior. "Almirante, no se                    
                    puede!", responde Salinas. "Es ahí.                    
                    ¡Vamos a volar!", grita el                             
                    superior. Ruido de motor de avión                      
                    que se acerca. Estallido fuerte,                       
                    sonido ensordecedor, un silbido                        
                    como cuando se rompen los                              
                    tímpanos).                                             
                                                                           
                    Silencio.                                              
                                                                           
          Salinas se queda un segundo inmóvil. Y comienza a hacer          
          venias, repetidas veces, mirando hacia la nada o hacia un        
          supuesto horizonte. Y luego, repentinamente, cesa de hacer       
          venias y su rostro cambia, se hace más enérgico. Descubrió       
          algo.                                                            
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    ¡Oigan! ¡Oigan! ¡Ya sé! ¡Ya sé                         
                    todo! Les juro que ya lo sé.                           
                                                                           
          Nadie le responde desde afuera de la habitación.                 
                                                                           
          Salinas apoya la oreja sobre la puerta.                          
                    Ruidos de una casona enorme, que                       
                    tiene múltiples ruidos, se escuchan                    
                    voces de otras personas encerradas                     
                    (Aquí se puede aprovechar para la                      
                    ilación con las otras historias de                     
                    la webserie, con algún plano                           
                    similar o usando voces de los otros                    
                    cortos), goteras, pasos, murmullos.                    
                                                                           
                              (MÁS)                                        
                                                                           
                                                            (CONTINÚA)     
          CONTINÚA:                                               2.       
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                              SALINAS (continúa)                           
                    Se escuchan pasos.                                     
                                                                           
          Alguien se acerca a la habitación. Pero no abren la puerta,      
          que tiene una "abertura" rectangular pequeña, o "mirilla"        
          desde donde lo miran o lo hablan a Salinas.                      
                                                                           
                              VOZ                                          
                         (Desde afuera. Es una voz de                      
                         mando)                                            
                    ¿Lo sabés? Nos decís qué pasó, por                     
                    qué fuimos derrotados y tendrás tu                     
                    salida.                                                
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    !Sí! ¡Lo sé, por fin!                                  
                                                                           
                              VOZ                                          
                    Esperá. Ya buscamos a alguien.                         
                                                                           
          El de la voz se retira.                                          
                    Suenan pasos alejándose.                               
                                                                           
                              SALINAS                                      
                         (Se queda a la espera.                            
                         Hablando para sí mismo)                           
                    El problema es que fuimos peces, el                    
                    problema es que fuimos peces.                          
                    ¡Peces! Qué tontos. !Peces!                            
                    ¡Pescados! Imbéciles fuimos. No era                    
                    eso lo que había que ser. No. No.                      
                    ¡No!                                                   
                                                                           
          Mientras hace su monólogo desesperado, la habitación va          
          quedando a oscuras.                                              
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    Pero... ¿qué era lo que debíamos                       
                    haber sido?                                            
                                                                           
          Por un hueco de la pared entra sólo una luz, símilar a la        
          luz lunar.                                                       
                    La habitación, de pronto, se llena                     
                    de sonidos de pájaros, canciones                       
                    sobre pájaros, o música clásica                        
                    sobre pájaros (sugerencia: Pájaro                      
                    de fuego de Stravinski).                               
                                                                           
          Aparecen plumas suspendidas en la habitación.                    
                                                                           
                              MUJER                                        
                         (Desde fuera de la habitación,                    
                         desde la mirilla)                                 
                              (MÁS)                                        
                                                                           
                                                            (CONTINÚA)     
          CONTINÚA:                                               3.       
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                              MUJER (continúa)                             
                    ¿Qué había que haber sido? ¿Ya la                      
                    tenés a la respuesta?                                  
                                                                           
                              SALINAS                                      
                         (Duda)                                            
                    Eh... Sé lo que no deberíamos haber                    
                    sido. Por eso...                                       
                    morimos...murieron... todos.                           
                                                                           
          Entra la Mujer y cierra la puerta rápidamente. La Mujer          
          tiene una vestimenta de "enfermera" o guardapolvo blanco.        
          Pero tiene plumas en sus manos, tiene pico de pájaro, cabeza     
          de pajaro. La mujer lleva una jeringa vacía en una de sus        
          manos, y en la otra un frasquito (ampolla) con líquido. Está     
          a punto de inyectarle algo en el brazo, pero se queda            
          esperando.                                                       
                                                                           
                              MUJER                                        
                    ¿Y? ¿Creés que los muertos son                         
                    porque sí? ¿Que no nos ayudan a                        
                    saber la verdad?                                       
                                                                           
                              SALINAS                                      
                         (La mira aterrorizado)                            
                    ¡Sos un pájaro!                                        
                                                                           
                              MUJER                                        
                         (Lo mira decepcionada)                            
                    Deberías mejorar. Asi no se sale.                      
                    Queremos que te recuperes. ¡Pero                       
                    así no!                                                
                                                                           
          La mujer guarda la ampolla en su bolsillo, no la usa. Se va.     
          Cierra la puerta con fuerza y pone llave.                        
                                                                           
          Salinas se queda sorprendido en la habitación. Luego se          
          acurruca en un rincón de la habitación.                          
                                                                           
                              SALINAS (CANTURREANDO)                       
                    "Tras su manto de nebliiinas...".                      
                                                                           
          Quiere llorar, pero en lugar de un llanto humano le sale un      
          llanto de perrito abandonado.                                    
                                                                           
          Se vuelve a oscurecer la habitación.                             
                    Se escucha muchos ladridos de                          
                    perros.                                                
                                                                           
          Se ve sombras de perros sobre las paredes.                       
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                            (CONTINÚA)     
          CONTINÚA:                                               4.       
                                                                           
                                                                           
                              MUJER                                        
                         (pregunta desde fuera de la                       
                         habitación, desde una                             
                         ventanita o mirilla)                              
                    ¿Qué es ese lloriqueo?                                 
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    ¡Escucho perros! ¡Hueles a perro!                      
                                                                           
                              MUJER                                        
                         (Sigue hablando desde fuera)                      
                                                                           
          Debería darte vergüenza. Casi no hay perros. Decinos de una      
          vez cuál fue el error de haber llegado a aquel desastre.         
                         (Luego de unos segundos, se                       
                         escucha otra vez que la mujer                     
                         se retira)                                        
                                                                           
                              SALINAS                                      
                         (Habla para sí mismo. Da                          
                         vueltas, se golpea la cabeza                      
                         cuando habla, hace la venia,                      
                         se mueve rápido)                                  
                    No la encuentro a la respuesta.                        
                    Sólo sé que no debíamos ser peces,                     
                    sólo sé que no había perros.                           
                                                                           
          Se vuelve a oscurecer la habitación.                             
                    Se escucha voces, voces humanas,                       
                    muchas voces, voces distintas.                         
                                                                           
          Luego, entra la Mujer, pero en forma humana, con uniforme de     
          enfermera o de médica. Entra y cierra rápidamente la puerta.     
                                                                           
                              MUJER                                        
                         (lo agarra de la solapa)                          
                    Dale. Sos el único que puede                           
                    decirnos en qué nos equivocamos.                       
                    Decilo y te recuperás.                                 
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    Ni pez, ni perro. (Duda). ¿Humano?                     
                    Te veo. Veo la realidad. Tenés que                     
                    dejarme ir. Veo la realidad. No sé                     
                    la respuesta pero sé qué eres:                         
                    humano, hombre.                                        
                                                                           
                              MUJER                                        
                                                                           
                              (CON GESTOS DE CANSANCIO)                    
                    Estás a punto de saber la realidad.                    
                    Pero veo que todavía no. Soy                           
                    humano. Pero no soy un hombre. Soy                     
                    una mujer.                                             
                                                                           
                                                                           
                                                            (CONTINÚA)     
          CONTINÚA:                                               5.       
                                                                           
                                                                           
                                                                           
          La mujer se retira de la habitación, cierra la puerta con        
          llave. Queda Salinas pensativo, aunque igualmente tenso. Se      
          agarra la cabeza, da vueltas sobre la habitación.                
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    Por acá debe estar la respuesta.                       
                    Tanto encierro, tanta jaula. Así                       
                    estábamos en el buque, como                            
                    sardinas. Y vino una gaviota de                        
                    metal y zas. Qué equivocados en                        
                    rangos, qué equivocados estuvimos                      
                    en ser peces, en ser perros, en ser                    
                    hombres.                                               
                                                                           
          La habitación vuelve a quedar en penumbras. La luz lunar es      
          más potente.                                                     
                    Se escucha voces celestiales: coros                    
                    angelicales, voces de dioses,                          
                    cantos de sirenas, alaridos                            
                    divinos.                                               
                                                                           
          Entra la mujer y cierra la puerta. Esta vez viste una túnica     
          de color claro, como el de una sacerdotisa; toda su              
          apariencia es armónica, el maquillaje, la vestimenta, la         
          forma de caminar, la respiración suave, la voz tranquila.        
                                                                           
                              MUJER                                        
                    Te vengo a ayudar con la respuesta.                    
                                                                           
                              SALINAS                                      
                         (Hace una venia, casi                             
                         maquinalmente)                                    
                    Eres de un rango superior.                             
                                                                           
                              MUJER                                        
                    Cada día paso por todos los rangos.                    
                    No te preocupés por mí. Creo que ya                    
                    sabés que tu mente no está en el                       
                    sitio. Tu mente está dislocada,                        
                    fuera de lugar. (Salinas se va                         
                    decayendo). No te entristezcas. Eso                    
                    significa que no tienes rango fijo.                    
                    Podés elegir sin límites. Eso te                       
                    abrirá la puerta.                                      
                                                                           
          La mujer se retira nuevamente, y cierra la puerta con llave.     
          Salinas se queda calmo, muy reflexivo.                           
                    Se escucha de nuevo las palabras de                    
                    la mujer: "Cada día paso por todos                     
                    los rangos". Y las palabras de la                      
                    misma mujer cuando era pájaro:                         
                    "¿nos ayudan a contar la verdad?".                     
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                            (CONTINÚA)     
          CONTINÚA:                                               6.       
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                              SALINAS                                      
                         (Golpea la puerta)                                
                    Ya lo sé. ¡Juro que ya lo sé ahora!                    
                                                                           
          La mujer con túnica regresa, abre la puerta suavemente. Se       
          queda en la entrada, con la puerta abierta y se queda en         
          silencio. Esperando que Salinas hable.                           
                                                                           
                              SALINAS                                      
                    Como siempre pasa, la respuesta                        
                    estaba en todos lados. ¡Hasta en                       
                    mí! ¡Hasta en la habitación! ¡Hasta                    
                    en mis camaradas! ¡Elijo ser                           
                    pájaro! Un pájaro sobre el mar. ¡Y                     
                    sí, debimos haber sido pájaros!                        
                                                                           
          La mujer sonríe. Se va, y le deja la puerta abierta.             
                                                                           
          Imagen de un pájaro planeando sobre el mar, sobre la costa       
          de Caleta.                                                       
                    Se escucha la voz de Salinas                           
                    jugando con su boca, como en el                        
                    comienzo, haciendo un ruido como                       
                    cuando los niños juegan a que                          
                    planean en avión.                                      
                                                                           
          En la habitación, con la puerta abierta, sólo está el            
          uniforme de Rodolfo, hasta los borceguíes, en un rincón,         
          dejado allí como si él se hubiera desvestido rápidamente y       
          hubiera dejado la ropa desordenada. Algunas plumas también       
          hay en el suelo.                                                 
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           

Saturday, January 28, 2017

Cómo lograr ser ambos

Siempre he soñado con pegarme viaggem, ya tu sai, verdad? Y así, entonces, en la selva, en el calor, en las hormigas que balan, y en todo eso que suele cantarse también en Pascua de Resurrección, eso es lo que sucede cuando vas a Uruguayana, y ves cantar a alguien en la plaza. ¿No es cierto? Y cuando todos cantan alrededor. Allí iba Bruno (Marcio Sarrú, denominación brasileña), hombre de 50 años, nacido pobre, nacido sin autoestima, construido a sí mismo a fuerza de haber leído tanto a Proust, de haberlo querido entender. Y eso pasa cuando una joven de 30 años le invita a fumar marihuana.
-Que te pareces a una cantante de los noventa.
-A quién, dime- dice ella, divertida, muy divertida.
-A Soraya. ¿La conoces?
-Nada. Nada de nada. – Igual, no tiene importancia esto para ambos porque son ambos.
Marcio le dice: - Voy a confesarte que, aunque no nos conozcamos o no volvamos a vernos, sé que esto será inolvidable. Pero, y aquí viene la confesión. No tanto por ti, sino por mí. Por el hecho de que por fin he aprendido a bailar.
-Me haces acordar a El Lobo estepario. Yo sería la prostituta que le hace conocer la vida al lobo.
Marcio le responde: - Bueno. Pues yo querría alejarme de esas imágenes que más mal que bien me hicieron cuando era pibe. Eran otras épocas, donde supuestamente había una moda de que si eras triste y misterioso podías ganar chicas.
Ella le dice: - No, Marcio. La única manera de ganar era, tal vez, con el misterio. Bueno, pero sigo enseñándote. Qué puedes enseñarme tú.

Él la toma de la nuca, y primero le acerca su mejilla al pecho; luego ella levanta un poco la cabeza, mirándole de frente, es decir: quedando ambas miradas conectadas, pero con las cabezas en un ángulo de 45 grados, sonriendo. Él la besa, y ella se ríe. Tiene gusto a melón con vino la boca de ella. Agradable. El agradece para sus adentros. La muerte está en todos lados. 

Se escucha, de fondo, "Cerebro Magnético" de Hermeto Pascoal.

Tuesday, January 24, 2017

Sonidos de algazara


Se escucharon sonidos de algazara desde dentro de esa casa, que por cierto es una casa acogedora, una casa soñada y erigida por un docente que cobra su sueldo provincial más o menos en tiempo y forma.
Cecilia, la mujer de Albano, una exsupervisora de Educación, había levantado su voz más de lo habitual, y ello hizo que su marido detuviera la aspersión de salmuera al asado, y se quedara con las orejas alertas. Y se escucharon otras dos voces femeninas.
El más atento a esos sonidos (sobre todo porque eran femeninos), aunque no pareciera alerta, era el mismo Bruno, quien tenía un vaso de vino malbec apoyado en su vientre, y estaba posando sus ojos en los movimientos de Albano.
Los otros docentes se limitaban a intercambiar opiniones sobre el modo mejor de acceder a un crédito hipotecario en tiempos neoliberales.
Bruno, además, había estado influenciándose por las voces que venían del televisor, la transmisión en directo de una manifestación de mujeres contra Donald Trump.
-Ahí están. Llegaron. Una alemana y una rumana. Bien gringas, eh.
-Me encantan las gringas, pero enseguida viene mi señora.-responde Armando y todos ríen. Bruno no. Bruno cree que es un chiste remanido.
Irrumpió en el patio Cecilia, una cincuentona baja, regordeta, de pequeños rulos castaños con las puntas de un rubio ceniza. Bruno percibió en Cecilia una sonrisa un tanto turgente, como si ella creyese en la necesidad -o en el deber- de sonreír, pero que ese deber no era del todo congruente con algo que ni ella misma sabía bien qué.
Detrás, venían con ritmo pausado, dos extrañas mujeres. En efecto, una era Helen, de Alemania; y la otro, Anna, de Rumania. Helen era un poco más extrovertida que Anna, aunque ambas eran amables. Helen tenía la voz más aguda que Anna. Más adelante, Bruno dirá que el timbre de Anna es parecido al de un río que fluye sobre un lecho ubérrimo, de humus y algas.
Ambas hablaban, además de sus idiomas nativos, un poco de inglés y un poco de español, así que se hicieron entender y podían sostener una conversación.
Lo folclórico de la escena era lo más llamativo de ese momento, por eso ellas quedaron por unos minutos hipnotizadas con el hábil rebanamiento del cordero por parte de Albano, quien además emitía interjecciones de autoelogio, vitoreado por los otros docentes y por Cecilia, quien sostenía la bandeja donde iban posando los fragmentos brillantes de carne.


Monday, January 23, 2017

Pellizcarse


Cuando sobrevolábamos las islas frías comprendí lo que había sufrido un vecino que vino en 1982. Imaginé las manos heladas, imaginé el trozo de pierna sangrienta que cayó en la costa, la herida limpiándose en la mar, la sal, el frío, el viento, las botas mojadas, los piojos, el hierro ahí, a punto de seguir explotando en las minas antipersonales, la tontería de resbalarse, el color verde y mustio y de olor acre y dulzón, lo lejos que estaba todo, el otro planeta en el que nos encontrábamos. Aquí sobrevolando, mientras más allá, en África, la debacle de una etnia.
Lo difícil que era todo. Lo negado, lo calmado, lo sueño, lo vivo, lo muerto recientemente. Pero sobre todo la distancia, lo lejos que estaba, y de aquel que pisó la mina antipersonal: la imposibilidad de recorrer siquiera un metro, un inválido, sin poder arrastrarse ni un solo metro. Lo difícil, lo extraño, lo que uno no querría que fuese la realidad y lo que es.

Automáticamente alcé mis manos y me las miré, pinche la palma izquierda con una uña de la mano derecha. 

Saturday, January 21, 2017

Remover las brasas

En ese paraje conoce, de casualidad, a un grupo maduro de hombres y mujeres, entre los que está Bruno Sarmiento, un locutor de pueblo.
La rumana tiene unos 40 años, y él unos 47 años, a los que no valen adjetivos, pues son sólo eso: 47; porque él mismo no quiere calificar sus años, so pena de caer en la depresión.
La casa era de Albano Pujol. El anfitrión tiene una pequeña chacra, y organizó un asado para unos amigos docentes de Caleta Olivia y Comodoro Rivadavia.
Puer bien, Albano hacía el asado en el patio interno con tres amigos que lo acompañaban. Entre ellos estaba Bruno, más morocho que los demás, más bajo, y de accionar más reactivo que los otros, tanto que ni siquiera se rió cuando Albano dijo: “No va. Esto no va. No se me termina de hacer esta cagada”. Y uno de los docentes, Armando, removió las brasas ubicadas debajo de un cordero faenado y estaqueado en cruz. Y Bruno miró con una casi vacua preocupación.
Bruno estaba constantemente atento a su propio actuar y, por eso, se sentía el locutor menos parlanchín, y el más aburrido de todos. Aún así: estaba en una nueva etapa. “Cuando todo el mundo piensa en jubilarse, yo pienso en aumentar mi energía masculina”, dice, y lo dice –con un descaro hacia sí mismo- caminando por las calles de Caleta Olivia, por veredas irregulares, con dolor en las articulaciones de los miembros inferiores, con los meniscos oxidados y, al parecer, sin solución de que algún día vayan a lubricarse. Aún así habla de energía masculina, y eso es lo que lo define actualmente.

Exótica de Los Cárpatos


Una mujer rumana, en esa época, era un exotismo maravilloso para Bruno, mucho antes de vivir en Moldavia.
Anna Olga, cuya más notoria virtud es que es admiradora de Rachmaninov. Virtud para ella y para su amiga, pues en el asado, en el de Sarmiento, le preguntaron a su amiga holandesa: “Qué es lo que más le gusta a tu amiga?”, y ambas respondieron, riéndose y al unísono: “¡Rachmaninov!”, porque habían viajado juntas con una musiquita persistente en el celular.

Anna vive en una ciudad situada en medio de los Cárpatos. Sus ojos sobrevolaron sobre aquellos montes verdes, de coníferas y osos temibles, y ahora, sobrevolaron en un lugar extraño, de mar, ballenas en otoño, algún ojo de agua, de costa amarillenta, y luego en auto, adentrándose por un camino ocre, hasta llegar a un espejo de agua y un pueblo. Ella venía pensando en su hija adolescente, la que quedó en Bucarest, intentando ingresar en la universidad. En su pequeña casa, de su pequeña ciudad, no tan pequeña que Sarmiento. Eso iba pensando, más bien, no eran pensamientos, sino una serie de imágenes, sonidos, dejándose llevar, a ver qué le decían, si le daban la clave del año, o nada. Y también sentía un poco cansancio. Es decir que no era un viaje como el que hizo cuando era veinteañera a Madrid. Esta vez era un viaje que la cansaba, que hubiese preferido que no la llevasen por tantos lugares, sino le hubiera gustado estar un rato en un lugar nada más, un rato, unos dos días, o tres, en algún lugar como en Unquillo, pero no, fueron unas horas y después a seguir recorriendo la Argentina. 

Sunday, January 15, 2017

¿Véis que tenía razón?


“Vos sabés cómo es el paisaje acá. El paisaje de la gente, digo, no sé si esto, lo tuyo se adapta”, me dijo un tipo al que le rogué que me metiera en el cronograma del festival. “Ya está, no me digás nada”, le contesté, sin disimular mi rabia entre dientes. Me fui refunfuñando sus palabras claves (“key words”): “Paisaje, gente, lo tuyo, se adapta”. Así estuve varios minutos hasta que transformé eso en letanía y pasada una hora la troqué en una oración alegre, hip-hopera, y después, en una canción. 
Pero lo que yo quería cantar era “Todo vuelve al mar”, un tema melancólico, totalmente spinettiano. Y luego morir. Nada más.
Estábamos en un festival de Caleta Olivia, que se había hecho post-crisis petrolera del 2018. Una excusa que el pueblo tiene para cantar y emborracharse un poco ante la falta de trabajo. Entonces, yo había preparado una versión guapísima de este tema, un look de diez, bien cool. Pero el coordinador del festival no quiso.
Así que, rebelándome, sabiendo que todos me trataban como el cincuentón intransigente de la ciudad, y tantas cosas, falopero también; sí, falopero también. Es por eso que decidí armarme con una guitarrita, parlantes y micrófono, en el mini-anfiteatro de la costanera y tocar sin más.
Vinieron unas veinte o treinta personas, y el clima de Caleta nunca termina de definirse: Ni en enero se define. Ayer, treinta grados; mañana, quince grados, en pleno verano. Sin embargo, hasta el viento es apacible comparado con regiones calientes, volcánicas, de movimientos tectónicos seguidos, de incendios de más de un millón de hectáreas como en La Pampa, o de inundaciones como en Pergamino. Así, que imaginaos, yo bien. Acá. En la suma de la tranquilidad, tocando con un frío que nos calaba a todos los huesos, felices de ese aroma de sal y piedras ensaladas.
Al otro día, la enfermedad se me declaró con todo. Y después, ya saben, hoy estoy agonizando, contando esto en un hospital. ¿Véis que tenía razón?


Mondar


De qué forma me hice consciente de que quería aparentar. Y no digo aparentar solamente. Quería -más bien-: ocultar.
Se da en esta circunstancia: Quería (¡quería, quería, quería, quería…! La mar de las quejas) mondar mis dientes. Y al decir ‘mondar’, ya estoy haciéndome el algo, el algo que no sé bien quién es, pero que sé cómo actúa.
Decía: Quería mondar mis dientes, quería escarbar los intersticios de mis dientes porque cuando se come corderito asado algunos trocitos quedan desmenuzados en briznas y bolitas de grasa, nervios y fibras que quedan atrapadas en encías y paredes laterales de dientes.
Decir “mondar”, en lugar de “escarbar”, habla de quién quería ser. El que creía que los demás prefieren que todos sean. El “mainstream” social califica mejor al tipo que dice “mondar” y no, al que profiere: “escarbar”.
Pero tenía otra inconveniente en esta mente de caracol. Escuchad mi lastimera frase: “Es que, si hablo vulgar, me voy al extremo”. (¡Is qui si hibli vilguir mi viy il ixtrimi!). Hablo como mi madre peruana; hablo como mi padre de Traslasierra, que fueron campesinos semi-analfabetos y hablaban sólo lo esencial y llenos de prejuicios de patrones prejuiciosos.

No sé. Debería decir así: “Quería sacarme la carne de los dientes, que me estaba molestando, quería agarrar esa carne atrapada entre dos molares con la punta de dos dedos, y sacarla y hacerla bolita, y tirarla por ahí”.

Sunday, September 11, 2016

Cuando Jorge Sarmiento está desesperado

Jorge Sarmiento escribió: 
Cuando uno está desesperado lo primero que piensa es en suicidarse, pero en el caso de mi desesperación, en el fondo, no pareciera que hablemos de una intención concreta. Me regodeo, otra vez, como lo hacía cada vez que viajaba en colectivo y no podía contactarme con nadie (allá por mi Córdoba natal), y entonces iba en el 131 (o en el 45 que iba hacia Villa Siburu), y entonces imaginaba un acto erostrático, pegando un balazo frente a todos.
Pero todo queda en el ámbito de lo ideal, de ese pensamiento mágico.
Pensar así nos traerá, de pronto, la solución, es decir, vendrá la salvación o, en todo caso el salvador o salvadora. Y todo en lo ideal.
Idealizar el suicidio es lo mismo que berrear, con la diferencia de que este berrido mayor se da desde un ser que da asco por lo repetitivo. Berreo y vendrá madre a salvarme, a refugiarme.
Lo interesante de todo este período de mi vida es que me he dado cuenta con más realidad (como si, por fin, me hubiese calzado unos anteojos que me permiten ver las cosas con más nitidez) de que no hay madre, ni magia en la vida, y de que, como dice alguien televisivo: “Como te ven te tratan”. Todo el mundo está construido en base a injusticias, son inevitables, lo que nos queda es qué hacer con nosotros en ese mundo, digamos, como lo podría decir un existencialista.

También aquí es cuando sale a lucirse ese sentimiento de “omnipotencia”. El perverso de Goncalvez lo llamaba la “omnipotencia femenina”, puesto que él pensaba que la culpa de muchas cosas era de lo “femenino”. Pues bien, yo, alguien tan receptor de todo, me quedé con ese epíteto durante décadas. Grave error mío. El error ha sido de él, pero grave error mío el haberme quedado con eso: conque es femenino, y por lo tanto, malo.

Precursor del grunge

En aquella época, cuando tenía unos 13 o 14 años, incluso menos, cuando tenía 11 o 12 años, yo fui el precursor del grunge y nadie se ent...